Suspender el Te Deum es desconocer los sentimientos religiosos de los colombianos

Rechazo la decisión del Consejo de Estado de suspender el Te Deum porque, al igual que Monseñor Castro, considero que el país sigue siendo un país mayoritariamente católico y que estas ceremonias religiosas implican unas tradiciones culturales muy profundas en nuestra sociedad.

Es importante diferenciar la separación del Estado y la religión, de la proclamación de un Estado ateo. Sobre lo primero, es claro que con la Constitución de 1991 el Estado colombiano le dio plena autonomía a las ramas del poder y las separó de cualquier ámbito religioso. Sin embargo, como lo establece el artículo 2 de la Ley 133 de 1994: “El Estado colombiano no es ateo, agnóstico o indiferente ante los sentimientos religiosos de los colombianos”

En este sentido, suspender del protocolo del 20 de julio la ceremonia que tiene como finalidad dar gracias a Dios, no es reconocer la pluralidad de un Estado laico, sino desconocer- precisamente- los sentimientos religiosos de los colombianos.

No me sorprende que la decisión del Consejo de Estado se haya producido en el marco de la presentación del acuerdo entre el Gobierno y los terroristas de las FARC, pues estos vienen permeando el ordenamiento jurídico con sus convicciones.

Ahora, fumigar los cultivos de coca es malo para la salud. El narcotráfico y las violaciones masivas de mujeres no son conexos con delitos de lesa humanidad, sino con el delito político. El país ya no considera de máxima gravedad que sus peores verdugos no paguen cárcel, y tampoco en el Día de la Independencia se dará gracias a Dios por nuestra patria.

Lamento, que en medio de la coyuntura, no se le haya dado la relevancia del caso a esta importante y preocupante decisión del Consejo de Estado.