¿Es la nuestra una democracia representativa?

Noviembre 3 de 2015
Plenaria de Senado

Luego de los análisis sobre la jornada electoral del pasado 25 de octubre quedaron planteadas varias inquietudes:
¿Es la nuestra una democracia realmente representativa? Y sí así es ¿qué representa?

En varias regiones del país representó la primacía del bien particular y el olvido del bien común. Se dejó de lado el análisis de los programas y las hojas de vida de los candidatos como si esas características fueran accesorias y no estuvieran íntimamente ligadas con el desempeño de los futuros funcionarios, y se priorizó la compra de líderes de votos y conciencias.

No es decente, ni mucho menos, respetuoso con los colombianos prometer de todo en campaña para no hacer nada en beneficio de los electores luego de la posesión. Eso no es democracia, es demagogia.

Insisto, no se puede pretender que una cosa sea el comportamiento de una persona fuera del ejercicio público y otra, una vez posesionada.

La democracia, que debiera ser “el derecho del pueblo a elegir libremente y controlar a sus gobernantes”, en algunos departamentos del país tuvo una aplicación diametralmente opuesta y se convirtió en “el derecho de unos pocos para comprar y controlar a sus gobernados”.

Pese a que existen normas electorales con topes máximos por corporación, el Estatuto Anticorrupción, misiones electorales y el Ministerio Público; al final todo termina siendo poco efectivo. Por eso invito a una gran Cruzada Nacional para recuperar la ética en el proceso electoral y promover un compromiso entre los partidos para que los candidatos tengan propuestas realizables y unas condiciones mínimas de hojas de vida, y el freno al uso de los dineros públicos y mal habidos para torcer el proceso electoral.