Corrupción sin fin

La corrupción es el cáncer de las instituciones en Colombia. Vuelvo al mismo tema por el que venido llamando la atención, pero esta vez más decepcionada de la situación que vive nuestro país con esta problemática.

Colombia pasó del puesto 79 al puesto 112 entre 138 países en la última década, en el pilar de “instituciones” que mide el Índice Global de Competitividad (2016-2017). Este absurdo retroceso de 33 puestos ocurre por la baja calidad de las instituciones públicas, basadas en sus débiles políticas de desarrollo, y también por la poca confianza del sector privado extranjero para seguir invirtiendo en el país.

Para transparencia por Colombia, la madre de todas las formas de corrupción está en la financiación política donde hay corresponsabilidad del Gobierno, el sector privado y la ciudadanía.

La más reciente encuesta de Gallup e Invamer muestra que el 85% de los colombianos siente que la corrupción está empeorando en el país, mientras que en 2008 ese porcentaje era del 36%.

Hay dos problemas en Colombia que según Fedesarrollo no se han tenido en cuenta: primero, no hay guías ni manuales de conducta que den lineamientos sobre cómo manejar un conflicto de intereses y, segundo, el 60% de los procesos de contratación se hacen de manera directa evitando así la competencia entre proveedores.

El gobierno de Juan Manuel Santos, que se percibe como permisivo y facilitador de la corrupción, debe explicar al país qué ha pasado con tantos recursos asignados sin que las obras se vean, ni se culminen, ni su calidad corresponda con lo invertido. Ojalá el señor Fiscal de la Nación y el nuevo Procurador General de la Nación cumplan la promesa de dar prioridad a la lucha frontal contra la corrupción que tiene a tantas regiones en el atraso y la desidia.

Solicito al Secretario General del Senado que remita esta constancia al Procurador General de la Nación, el Fiscal y el Contralor General de la República.