Sin límites para matar

María del Rosario Guerra

@charoguerra

A las 12 semanas un feto mide entre 5 y 6 centímetros, los miembros están totalmente formados, su boca abre y cierra, las uñas de pies y manos se definen, su corazón late a toda velocidad. El bebé ya comienza a bostezar: milagro en crecimiento.

En la semana 24 ya son más de 30 centímetros y un desarrollo casi pleno de los órganos internos. Los pulmones están casi listos para el mundo exterior. De nacer prematuramente podría sobrevivir con atención médica especializada… vida plena y pura: la sonrisa ya está dibujada en su rostro.

La Corte Constitucional decidió, con una votación de 6 a 3, que a las 12, 24 o 40 semanas esos bebés pueden seguir siendo abortados en los casos de excepción que definió en el año 2006. No importan el tiempo de embarazo, el nivel de desarrollo, el tamaño, el ritmo de su corazón o el futuro que le aguarda. Si fue producto de una violación, si pone en riesgo la salud física o mental de su madre, o si presenta algún tipo de malformación, no hay barrera para deshacerse de él. En Colombia, frente a estos seres humanos, no hay límite para matar.

Como congresista, madre, hija y ciudadana siempre he considerado que el aborto no es justificable desde ningún punto de vista. Asesinar al indefenso no puede entenderse nunca como un acto de progreso o modernidad. Desde cada uno de esos roles es también mi deber respetar la normatividad vigente, pero a la vez promover lo necesario para hacer lo que no hizo la Corte: establecer límites a una cultura de la muerte que ya no tiene control.

Por ello inicio el trabajo de investigación, análisis y discusión para presentar un proyecto de ley que regule el aborto en los tres casos despenalizados. Atenta a escuchar a especialistas en la materia, a organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, al Gobierno Nacional, a prestadores del servicio de salud y organizaciones provida y proaborto, creo que 12 semanas es un límite justo y necesario para que Colombia comience a retomar el camino y nuevamente se convierta en una sociedad que defiende a sus niños por encima de todo… un país que no mata a un ser que ya puede sonreír.

Todo necesita límites y ténganlo muy claro: no se trata de vulnerar los derechos de víctimas del drama de una violación o poner en riesgo la integridad de las mujeres. Al contrario, se trata de garantizar una atención sicológica y en salud óptima que garantice la vida de madre e hijo: eso es lo que me inspira a mí y a millones de colombianos.

Adopción, garantías en la atención ante el embarazo, dignidad, celeridad e inclusión en todo procedimiento, persecución penal a los centros clandestinos de aborto, todo ello debe hacer parte de la discusión.

El debate está abierto y no debe tener prejuicios o agresiones. No debe tener límites.